Hoy estrenamos la sección Centellas, que será el espacio en el que hablaremos sobre conceptos de la escritura creativa y de literatura de género.

Imagino que, si te has paseado por la web de Reyna Dragona, habrás visto que se habla siempre de «literatura fantasista», en vez de «literatura fantástica» o «literatura no realista». Esto es porque hace algunos años me di cuenta de que, al igual que había un saco que se llamaba «realismo», necesitábamos también otro saco para «literatura no realista». En mi opinión, llamar a ese saco con un término en negativo no era buena idea. Las definiciones siempre son mejores en positivo o, de lo contrario, te arriesgas a que se entienda mejor el término contrario. O dicho de otra manera, con «literatura no realista» te ves obligado a definir qué es «realismo» cuando en realidad quieres hablar de otra cosa. ¿Y cómo podemos llamar a «esa otra cosa»? Pues aquí entra el neologismo que llevo años aplicando para ese saco en el que entra todo lo que no sea «realista». Se trata del término fantasismo.

¿Y qué es literatura fantasista entonces? La definición que yo suelo usar es la siguiente: «El fantasismo es un modo de expresión artística o literaria que pretende crear universos ficcionales de fantasía».

Para entender por completo el término, habría que hablar largo y tendido sobre qué es una expresión artística y qué una literaria, qué es un universo ficcional, y qué entendemos por «fantasía». Da para muchos artículos, incluso para un libro entero, uno que estoy escribiendo y que espero que salga a la luz más pronto que tarde.

Me limitaré aquí, por esta vez, a fijar la idea de «fantasía», para que sepamos a qué nos referimos cuando hablamos de literatura fantasista, porque no solo en esta web, sino en todos los talleres, videoconferencias, en la revista, en el podcast, en las entradas del blog, en definitiva en todo lo que se hace en Reyna Dragona, usaremos este término.

Bien, pues veamos con lupa la palabra «fantasía». Esta es sinónima de imaginación y ficción. No obstante, en el contexto en el que nos encontramos, y para evitar confusiones, no la usaremos como tal. Así cuando hablemos de la capacidad de proyectar imágenes en nuestra cabeza, diremos «imaginación» y, cuando nos refiramos a obras literarias que traten de sucesos y personajes imaginarios (aunque estos se basen en sucesos y personajes reales) utilizaremos «ficción».

Decía Anderson Imbert que «fantasía» sugiere una aparición y el de «imaginación», una imitación. Y nosotras vamos a seguir este precepto para marcar las diferencias entre el fantasismo (lo que proviene de una creación de la fantasía) con el realismo (lo que proviene de una recreación de la realidad). Así el fantasismo crea a partir de la fantasía, mientras que el realismo recrea a partir de lo real.

¿Y qué es crear a partir de la fantasía? Implica inventar algo que no existe, algo que sale exclusivamente de la mente de su creador o creadora.

Por tanto, cuando decimos que el fantasismo crea universos ficcionales de fantasía, estamos diciendo que esos universos se inventan sin relación alguna con lo que exista fuera de sí mismos.

Dentro de la literatura fantasista caben, por tanto, muchos otros géneros y cada uno de ellos aplicará esta definición de una manera u otra, algunos utilizarán la imitación para recrear una realidad en la que se introducirán elementos que quiebren la idea de «realidad», mientras que otros directamente inventarán mundos inexistentes alejados por completo de ese concepto tan elástico de lo que pensamos que es real.

Sea como fuere, las historias de fantasía se alejan de la idea de la realidad, aunque la miren de reojo, para construir universos nuevos que provoquen quimeras o espejismos en la mente de quienes los lean.

Y a ti, ¿qué te parece este término?, ¿lo utilizarías?

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