Primeras notas

Desde hace un tiempo, he decidido releer Moby Dick, pero lo estoy haciendo con calma, saboreando y comprendiendo mejor esta obra. Cada poco tiempo leo unas cuantas páginas y reflexiono sobre ellas. Y de esta degustación ha salido la idea de escribir una serie de artículos sobre temas que he meditado tras la lectura.

El primero va a tratar, cómo no, de ballenas. He pensado que sería interesante hacer una comparación entre las ballenas que nombra Ismael en Moby Dick y la taxonomía actual de los cetáceos.

Pongamos primero un poco de contexto. Me resulta difícil pensar en alguien que no conozca a la ballena blanca, pero por si acaso hablemos un poco de ella. Moby Dick es una novela escrita por Herman Melville y publicada el 14 de noviembre de 1851, en plena fiebre por el aceite de ballena debido a la industrialización y la necesidad de iluminar fábricas, edificios y calles. El auge que provoca la demanda de este aceite convierte la caza de ballenas en una industria por sí misma, con flotas de barcos dedicados durante meses exclusivamente a esta actividad.

La novela narra la travesía del barco ballenero Pequod, que con el capitán Ahab al mando, persigue al gran cachalote blanco, llamado Moby Dick, que ya había atacado al capitán y le había arrancado una pierna. Este dirige al barco en una batida interminable y autodestructiva, ejemplo de lo que la venganza y la obsesión puede hacerle al ser humano.

La voz narrativa resulta ser compleja, a la que dedicaré un artículo entero por lo interesante que puede resultar para quien quiere escribir. El narrador es Ismael, un joven estadounidense con experiencia en la marina mercante, que decide que su siguiente viaje sea en un ballenero. Este narrador utiliza para dar forma a la historia muchos géneros diferentes como sermones, obras de teatro, soliloquios y lecturas emblemáticas. Se lo considera un narrador enciclopédico por toda la información que vierte sobre la caza de ballenas, la multitud de detalles sobre la vida marinera de la época y, cómo no, sobre las propias ballenas.

Y aquí llegamos al capítulo 32, el que muchos reconocen como el gran escollo para seguir leyendo Moby Dick. En él, Melville nos hace una extensa relación de los tipos de cetáceos. En palabras de Ismael, el narrador, lo que presenta es «una exposición sistematizada de la ballena según sus diversas especies».

Podría parecer un sinsentido hoy en día, puesto que no solo conocemos a las ballenas desde muchas perspectivas sino que tenemos a mano toda la información sobre ellas que pudiéramos necesitar. No obstante, hay que comprender que las ballenas (y similares) eran básicamente desconocidas para el público en general de este libro, que nunca había visto una ni siquiera en un dibujo o los que les llegaban eran monstruos deformes y bastante alejados de las ballenas reales. Por lo tanto, era fundamental describir diferentes ballenas con detalle, su tamaño, su comportamiento, su peligro relativo, etc., para que se entendiera bien el viaje del Pequod. De la misma forma era imprescindible para este autor explicar cómo era su captura por el desconocimiento del público sobre el tema.

Si uno se toma el capítulo 32 como una clase aburrida de un profesor desganado, se perderá una de las partes más interesantes de esta obra, que es la descripción preciosa sobre esta tarea que ocupó a tantos marineros durante siglos. Este capítulo, pues, no es solo una descripción de cetáceos, sino una muestra de lo que entonces se conocía sobre ellos, una clase de biología y una clase de historia. Todo ello necesario para entender lo que más adelante ocurre.

Qué es un ballena según Ismael

La definición que nos da Ismael de la ballena es, cuanto menos, curiosa. Nos dice que «es un pez que resopla y posee una cola horizontal». Añade: «Una morsa resopla tanto como una ballena, pero la morsa no es un pez, porque es un anfibio». Aquí encontraríamos el primer contraste entre lo que se expone en este capítulo y lo que hoy en día sabemos sobre estas especies. Como es obvio, ni la ballena es un pez ni la morsa, un anfibio. Lo curioso de estas afirmaciones es que tienen una razón detrás, lejos de la posible ignorancia que le otorguemos al narrador.

En la época en la que se escribió el libro ya se sabía que la ballena respiraba, que tenía sangre caliente y que amamantaban a sus crías, todas características de los mamíferos. ¿Entonces por qué Melville usa la palabra «pez» para definirlas? Por cuestiones narrativas: quiere que el narrador se posicione a favor de los marineros, que seguían considerándolas peces. Ismael así se rige como uno más y se aleja de los estudios científicos del momento. Esta es una clave importante, porque nos ayuda a entender que este capítulo no solo tiene una intención enciclopédica, sino también expresiva. No es solo un manifiesto, sino un compendio de opiniones del narrador, que ayudan a situarnos en su concepto del mundo ballenero.

Como pequeño detalle, la morsa la considera anfibio porque sube a la superficie. Lo mismo le da que tenga pelo, sangre caliente y otras particularidades impropias de los batracios. Me resulta interesante este concepto porque lo cierto es que es verdad, la morsa tiene una vida semiterrestre. La diferencia así de los cetáceos, pero al mismo tiempo reconoce que tienen algo en común. No obstante, se equivoca en eso que comparten, que desde luego no es un espiráculo, pero sí el hecho de ser los únicos mamíferos acuáticos (junto con los sirenios).

Pero volvamos a los cetáceos, ¿esto de utilizar las colas horizontales y el soplo que sueltan por el espiráculo es una buena forma de definir a las ballenas? Sin duda ambas características son específicas de los cetáceos, de hecho la forma horizontal de la aleta caudal permite distinguir a simple vista a un cetáceo de un pez, además el espiráculo es una característica exclusiva de los cetáceos y de su aparato respiratorio, que permite distinguirlos en la distancia. Por lo tanto, Ismael no se aleja tanto de la definición actual. Hay algunas cuestiones que no menciona aquí, pero que sí añade en las definiciones posteriores, por lo que el conocimiento de estos animales es evidente.

Toca ahora que veamos cuál es la clasificación cetácea que se propone en el libro. Divide entre grandes clases, según su tamaño: las ballenas folio, las octavo y las duodécimo. Por supuesto, esta división se aleja mucho de la taxonomía actual, pero no deja de ser interesante porque el tamaño, al fin y al cabo, suele ser una característica más para definir una especie.

La clasificación es inexacta e incompleta, en la que se presenta solo una parte de las casi noventa especies de cetáceos que se conocen hoy en día. No tiene en cuenta, por ejemplo, la diferencia entre aquellas que tienen barbas (misticetos) y las que poseen dientes (odontocetos). Se puede afirmar, en cualquier caso, que presenta una buena radiografía del conocimiento que en aquella época se tenía de las ballenas. Sin embargo, y aquí está lo interesante narrativamente hablando, esa inexactitud no es por falta de conocimientos de Melville, sino de Ismael. Al autor no le interesa que su narrador sea un erudito de las ballenas, sino que hable como lo haría un marinero, no quiere mostrarlo como un científico, sino como alguien labrado en la mar y con los conocimientos que se tiene de la vida marítima desde la cubierta de un ballenero. De ahí que deje el listado abierto, porque no es un estudioso determinando todas las especies que confluyen en los cetáceos, sino un marinero hablando de lo que sabe.

Antes de lanzarnos al mar (perdonadme el chiste fácil), cabe mencionar que a lo largo de todo el capítulo se puede distinguir un cierto recochineo hacia los naturalistas, lo que ahonda en la divergencia entre el hombre de mar y el hombre de letras. Se desafía a los científicos de la época y se muestra una desconfianza hacia la comunidad científica, dando a entender que están demasiado alejados de la realidad, encerrados en sus despachos sin salir a alta mar a conocer a los animales en su hábitat.

Eso sí, al principio del capítulo menciona una lista de autores que han escrito, según él, sobre las ballenas. Hemos de entender que aquí quien está haciendo el listado es Melville, puesto que tantas lecturas hacen pensar más en un estudioso, que en un marinero como Ismael, demasiado joven quizá como para conocer todos estos nombres: «Los Autores de la Biblia; Aristóteles; Plinio; Aldrovandi; Sir Thomas Browne; Gesner; Ray; Linnaeus; Rondeletius; Willoughby; Green; Artedi; Sibbald; Brisson; Marten; Lacépède; Bonneterre; Desmarest; Baron Cuvier; Federick Cuvier; John Hunter; Owen; Scoresby; Beale; Bennett; J. Ross Browne; el autor de Miriam Coffin; Olmsted; y el Rev. T. Cheever». De todos ellos dice: «De los nombres dados en esta lista de autores que han escrito sobre las ballenas, tan solo los que siguen a Owen han visto ballenas en la vida real, y tan solo uno de ellos fue un arponero profesional y ballenero de verdad. Me refiero al capitán Scoresby». Deja claro con esta declaración que considera que el conocimiento de esos estudiosos es limitado, puesto que no conocen al animal de cerca; por tanto, es el saber marinero el que debería primar a la hora de hablar de cetáceos y de cualquier cosa que tenga que ver con el mundo marino.

Sabemos las obras que Melville consultó más, a saber: Thomas Beale, The Natural History of the Sperm Whale (1839); J. Ross Browne, Etchings of a Whaling Cruise (1846); William Scoresby, Jr., An Account of the Arctic Regions, with a History and Description of the Northern Whale-Fishery (1820).

Toca ahora nombrar cada miembro de la lista de Ismael y señalar a qué especie se está refiriendo realmente.

Libro I. Las ballenas folio

Son el tamaño más grande.

Capítulo 1. Cachalote

Era la presa más importante de la caza de ballenas de Nantucket, que faenaban principalmente en el océano Pacífico y el océano Índico. Aquí es donde incluiríamos a la antagonista de esta historia: Moby Dick. Esta ballena blanca está basada en un un cachalote albino que merodeaba la isla Mocha (Chile) en 1839, al que llamaban «Mocha Dick». La especie a la que nos estamos refiriendo es el Physeter macrocephalus, a la que Ismael describe como «el habitante más grande del globo», no es así, puesto que la ballena azul es el animal más grande del planeta e, incluso, hay otra por encima del cachalote: el rorcual (Balaenoptera physalus), por lo que cabe pensar que ese «descuido» en verdad está buscando un efecto dramático.

Capítulo 2. Ballena franca

Se refiere a varias especies del género Eubalaena de la familia Balaenidae, conocidas comúnmente como ballenas francas debido a que nadan lentamente y flotan después de muertas; es por esto que los balleneros las consideraban las más fáciles o «francas» de cazar. Aquí se encontrarían ballenas como la ballena franca austral (Eubalaena australis), la ballena franca glacial (Eubalaena glacialis) y la ballena franca del Pacífico (Eubalaena japonica).

Capítulo 3. El rorcual

También conocido como la ballena de aleta, como ya hemos dicho es el segundo animal más grande del mundo, puede alcanzar los 27 metros de longitud, que es la mitad de un campo de fútbol. Es la Balaenoptera physalus.

Capítulo 4. Ballena jorobada

Se trata de la Megaptera novaeangliae, a la que también se la llama ballena yubarta. Es la que yo conocí en un barco turístico de Cape Cod y fue una experiencia maravillosa, de animales afectuosos y graciosos, que movían la aleta y se aproximaban al barco, como un gato se acerca a ti para que lo acaricies.

Capítulo 5. Ballena de la navaja

Es posible que sea una especie de los rorcuales (los Balaenoptera), pero da la sensación de que ni Ismael sabe muy bien qué ballena es. Esta entrada a mí me hace pensar que está puesta para dar expresividad y construir al personaje de Ismael. Él mismo dice que «de esta ballena se sabe poco aparte de su nombre»; no he encontrado mención a esto en ningún sitio, pero visto que no existe el nombre como tal, ni en español ni en inglés (me dirige siempre al rorcual, pero el nombre en sí no lo veo por ningún lado), a mí me da la sensación de que Melville se lo inventó. Destaco una frase: «De una naturaleza solitaria, rehúye tanto a los cazadores como a los filósofos», es decir, vuelve a marcar una diferencia entre los marineros y los científicos. Y lo hace justo en aquella ballena de la que nadie sabe nada, quizá solo era conocida por los balleneros, aunque «ni yo ni nadie sabe nada más de ella».

Capítulo 6. Ballena de panza sulfurosa

Más conocida como ballena azul, también se la llama rorcual azul, es la Balaenoptera musculus; me pregunto por qué no la llama ballena azul, puesto que es su nombre más común, se me ocurre que quizá todavía no se había extendido esa forma de denominarla. Pasa muy por encima de ella, como un tipo poco conocido e irrelevante para la caza, por lo tanto también para los marineros; de nuevo, parece intencionado: no es que Melville no la conociera, es que no le interesa ahondar en ella porque no era un animal fácil de capturar debido a su tamaño, velocidad y fuerza; además le interesaba que toda la carga dramática se centrara en el cachalote.

Libro II. Las ballenas octavo

La razón por la que a las ballenas de tamaño medio las llama «octavo» y no «cuarto» es porque hace una comparativa con los tamaños de los folios y, según una nota al pie del propio autor, «las ballenas de esta categoría, aunque más pequeñas que aquellas de la categoría anterior, retienen una semejanza proporcionada a ellas en la forma, no obstante el volumen en cuarto de los encuadernadores en su forma disminuido no preserva la forma del volumen en folio, pero el octavo sí». Os reconozco que por mucho que lo leía, no llegaba a comprender a qué se refiere, porque el cuadernillo en cuarto mantiene las mismas proporciones que el folio y el octavo; o eso pensaba hasta que me puse a investigar. Al parecer el folio tenía 34 cm y, por tanto, el cuarto debería ser de 22, pero en realidad se hacían de 26. Se supone que es porque cuando la escritura se hacía en pergamino, la denominación de folio, cuarto, octavo… no se refería tanto al tamaño como a los pliegues, y que el tamaño se establecía según el que tuviera la piel que se iba a usar. Lo que aprende una con Melville.

Capítulo 1. Orca

Es la Orcinus orca. Según Ismael es conocida por sus soplidos y popular entre los balleneros, aunque no suelen cazarla, a pesar de que tiene buena cantidad de aceite para la luz. Nos cuenta que para algunos marineros su presencia se considera presagio de la proximidad del gran cachalote.

Capítulo 2. Pez negro

Son los calderones o ballenas piloto (Globicephala). ¿Por qué las llama «pez negro»? Porque, según sus propias palabras, da «los nombres populares entre los pescadores (…), pues por lo común son los mejores». Volvemos a ver una diferencia entre los marineros y el resto, ya no solo los científicos, sino también las formas populares, a las que no tiene en cuenta, porque no le interesa. Ahora bien, él mismo decide cambiarle el nombre y lo llama «ballena hiena» porque, y esta descripción es de las mejores de este capítulo, «su voracidad es bien conocida, y por la circunstancia de que los ángulos interiores de sus labios están curvados hacia arriba, lleva una perpetua sonrisa mefistofélica en su rostro». ¿A que no creíais posible mezclar orcas con Fausto?

Así pues, Ismael nos dice por un lado que los nombres de los marineros son los mejores, por eso pone «pez negro» en el titular de la clasificación, y al mismo tiempo lo cambia para poder hacer una descripción con claras intenciones estéticas. Este capítulo no es, en absoluto, un listado de ballenas, sino que es rico en muchos detalles como estamos viendo.

Capítulo 3. Narval

Es el Monodon monoceros. Si nos fijamos en las descripciones que hace, señala siempre el valor que tienen según la calidad y cantidad del aceite que proporcionan, dando más importancia a los intereses de los balleneros, que a los enciclopédicos. En el caso del narval, además de especular sobre el sentido del cuerno (el diente, en realidad), nos dice de él que «su aceite es de gran calidad, claro y fino; pero tiene poco, y se caza raras veces». Y, por tanto, no es relevante para esta historia.

Capítulo 4. Asesina

En realidad es una forma de llamar a la orca (Orcinus orca), que según nos cuentan Marcelo Canevari y Carlos Fernández Balboa (citados en la Wikipedia) «el término de asesina-ballenas fue acuñado por balleneros españoles en el siglo XVIII al observarlas atacar y matar cetáceos grandes. De ahí pasó al inglés, en el que el término fue erróneamente traducido como killer whales, ballenas asesinas (en lugar de whale killers), término que fue posteriormente adoptado en español como ballena asesina». Como suele hacer Ismael cuando le interesa, nos dice que los balleneros saben poco de ella y los naturalistas menos aún (no vaya a parecer que estos tienen más conocimientos que aquellos). La descripción que hace de ella me hace pensar, que aunque no se reconocen todavía como especies distintas, es posible que se esté refiriendo a las orcas transeúntes, que se alimentan de mamíferos marinos.

Capítulo 5. Trilladora

Es del único caso en el que solo he encontrado una referencia, sin contar aquellas que me dirigen a esta misma novela. En la descripción solo señala que es famosa por su cola, «que emplea como una férula para ahuyentar a sus enemigos». Yo no he encontrado ninguna alusión a que haya alguna orca con el pedúnculo o la aleta caudal tan diferente como para diferenciarlo de las otras. Tampoco encuentro información sobre el comportamiento del que habla, que se sube a la espalda de las ballenas grandes y, mientras estas nadan, las espolea con la cola. Es probable que sea una orca del Atlántico Norte, que la considere una especie distinta, cuando en realidad no lo son. La referencia que mencionaba antes es Richard J. King, Ahab’s Rolling Sea: A Natural History of Moby-Dick, que cita fuentes del siglo XIX: Hamilton, The Naturalist’s Library; y Cheever, The Whale and His Captors. Me encantaría decir que la he leído, para que me imaginéis en una remota biblioteca antigua estudiando con mis gafas redondas y concentrada en lo que leo… pero, no, no la he leído, la encontré en Reddit, así que la vamos a respetar pero con la suficiente cautela que nos da saber que internet no es infalible.

Libro III. Las ballenas duodécimo

Las más pequeñas. Incluye solo tres de la familia de los delfines y se quedan fuera, irónicamente, todas las marsopas.

Capítulo 1. La marsopa hurra

Aquí se refiere al delfín común (Delphinus delphis); supongo que tiene cierta lógica que considere que los delfines son una especie de marsopas, puesto que ambos son cetáceos odontocetos pero de familias diferentes, la Delphinidae y la Phocoenidae. Me cuesta entender, de todas maneras, por qué utiliza esta terminología y no los llama delfines. El propio Ismael afirma que lo de «hurra» se lo ha inventado él, como hace, por ejemplo, con el calderón, al que llama «ballena hiena»; pero lo que yo no he conseguido entender es por qué los engloba dentro de las marsopas, ¿por su parecido simplemente?, ¿por que los duodécimos tengan un nombre colectivo? De todas formas, la definición que hace de ellos, y con la que justifica lo de «hurra» es bien bonita: «siempre nada en grupos graciosísimos, los cuales no dejan de lanzarse hacia el cielo en el mar abierto como gorras en una multitud en el 4 de julio. Su aparición suele ser saludada con alegría por la marinería. Llenas de buenos espíritus, invariablemente vienen desde las animadas olas hacia barlovento. Son los muchachos que siempre viven con el viento». ¿Quién no va a ver un delfín leyendo esto?

Capítulo 2. La marsopa argelina

No está muy claro a qué especie se está refiriendo, podría ser la orca pigmea (Feresa attenuata) o la orca negra (Pseudorca crassidens). Ninguna de estas dos son orcas en realidad, sino que pertenecen a la familia de los delfines; por tanto, tampoco son marsopas. En este caso, Ismael no da ni una. Afirma que la especie es feroz cuando la atacan y que aún no ha visto a nadie capturarla.

Capítulo 3. La marsopa de boca harinosa

El delfín meridional sin aleta o delfín liso del sur (Lissodelphis peronii). En este caso, ha sido fácil identificarlo porque es el único delfín sin la aleta dorsal. De nuevo, estamos ante un delfín y no una marsopa. Me he detenido a estudiar un poco por qué esta confusión entre marsopa y delfín, porque me tenía pasmada y, cómo no, he aprendido algo nuevo: marsopa se utiliza para definir a cualquier delfín pequeño y justamente esto hace que sea confuso su uso, porque bien puede referirse a las Phocoenidae o a las Delphinidae. Vamos que, en este caso, tenía razón Ismael o, al menos, parte de ella.

Termina este capítulo dejando abierta la clasificación para que se incluyan aquellas ballenas que se capturen y describan en el futuro. Hace un listado de algunas ballenas que podrían añadirse, pero de las que todavía no se conoce suficiente de ellas. La lista de nombres que expone es tan inexacto, sin descripción ninguna, que hace muy difícil poder traducirlo a la taxonomía actual, he puesto aquellos que creo haber localizado. Habla de la ballena de nariz de botella (Hyperoodon), la ballena basura, la ballena de cabeza de budín (Balaena mysticetus), la ballena del cabo, la ballena piloto (Globicephala), la ballena cañón, la ballena pescuecera, la ballena cobreña, la ballena elefante, la ballena iceberg, la ballena sei (Balaenoptera borealis) y la ballena azul (Balaenoptera musculus). Tengo que admitir que yo creo que la mayoría son nombres que se ha inventado Ismael, por seguir su espíritu burlón.

Mi conclusión después de este artículo larguísimo y entretenidísimo (al menos, para ser escrito) es que la función de este capítulo dentro de la narración es doble:

En primer lugar, dar a conocer al lector a las ballenas, puesto que en su mayor parte el público desconocía qué eran y, si acaso, sabían que de ellas se sacaba el aceite que usaban para sus lámparas y velas; cumple por tanto una función enciclopédica.

En segundo lugar, caracteriza aún más al personaje de Ismael, mostrándonos como utiliza la terminología marinera de las ballenas, como se pone del lado de sus compañeros en la discusión sobre si la ballena es mamífero o pez; también nos deja ver un lado burlón en las definiciones, por ejemplo, de la ballena hiena o la marsopa hurra, lo que hace que dudemos un poquito más de él (recordemos que este es un narrador mentiroso y poco fiable); se le nota su amor por el mar y sus habitantes con algunas de las descripciones que hace de ellos, más poéticas que eruditas; lo vemos falsear o eliminar información relevante, que sabemos que tenía, pero que no le interesa, por cuestiones expresivas, mencionarlo en el texto: como que el cachalote es el animal más grande conocido; y, por último, dándole más importancia al aceite que se saca de ellas, que a cualquier otra cosa (al fin y al cabo, la historia trata sobre la caza de ballenas). Por tanto, cumple también una función narrativa (la de caracterizar a Ismael) y estética (descripciones poéticas).

Concluyo este viaje por los cetáceos con una reflexión que me ha estado martilleando durante el tiempo que me he dedicado a indagar sobre el capítulo 32 de Moby Dick: esta novela tiene una parte conmovedora (sobre todo hacia el final) y otra que despierta el interés por aprender o al menos eso es lo que me ha ocurrido a mí. No está escrita para emocionarse, sino para provocar una reacción en el lector que lo lleve a ilustrarse. Entiendo que esa acción hoy en día es distinta a la de entonces, que imagino que se sentían satisfechos con la información volcada en la novela. No obstante, aunque se manifieste de formas distintas, creo que la raíz es la misma: la curiosidad por aprender. Una cualidad humana eterna o eso espero.