Josefina Aldecoa pertenece a la generación del 50, que fueron aquellas personas nacidas en 1920 y empezaron a publicar alrededor de los años 50. Para mí una de las características de esta generación es la lejanía que imponen entre lo que escriben y la situación sociopolítica de su país. En algunos casos, como en el de Aldecoa, provoca que esa distancia se traslade también al narrador, por lo que hace que la temperatura emocional de la novela sea bastante baja. O, al menos, es lo que me ha ocurrido a mí, que apenas me he podido sentir identificada con ninguno de los personajes porque los sentía distantes, alejados de toda conmoción que pudiera provocar al lector.

Otra de las características de la generación que sí que he percibido en esta novela de Aldecoa, «El enigma», es el tono intimista y el cuidado por el lenguaje. Lo cierto es que da gusto leerla, su estilo es suave, directo, pero al mismo tiempo busca la vuelta de tuerca poética que hace que la lectura sea una sucesión de deliciosas sorpresas.

La novela trata sobre Daniel, un profesor universitario, y Teresa, su amante, una mujer brillante que está dedicada a escribir un libro sobre las relaciones entre hombres y mujeres brillantes. Teresa me ha encantado como personaje, porque busca constantemente el sentido (de ahí el título, porque lo considera un enigma) a que los hombres prefieran vivir con mujeres inferiores a ellos. Daniel es el ejemplo, prefiere estar con Berta, a la que no admira e incluso detesta, a buscar una nueva vida con Teresa, a la que considera su igual. El personaje de él me ha resultado, sinceramente, un mediocre y un cretino. Y, también con sinceridad, esta historia contada desde la voz de Berta sería una historia muy diferente. Me ha parecido muy gratuito por parte de la autora el desprecio que hace por esta mujer, ama de casa y burguesa que solo se preocupa por el dinero, pero que vive en una relación donde no solo no la quieren sino que la engañaba constantemente e, incluso, la deja durante un verano entero, sabiendo ella que está con su amante. No sé por qué, pero me parece que la novela es brutal en el retrato de esta mujer.

Decía al principio que esta novela me resulta muy distante y que eso ha hecho que me costara identificarme con los personajes; creo que en parte el problema es lo muy reflexiva que es. A pesar de que esas reflexiones son muy interesantes, no despiertan las emociones, sino las ideas. No es en sí malo, no pretendo hacer un juicio de valor, más bien señalar que me resulta curioso que para hablar de una relación amorosa, un triángulo en realidad, haya tanta distancia emocional. Me parece que el estilo reflexivo debe ser marca Aldecoa y de ahí que surja de esta manera en la novela. Todavía tengo pendientes más libros de ella, este ha sido mi primer contacto con la autora, así que iré viendo si mis impresiones son ciertas.

Por otro lado, sí que ha habido una cuestión técnica que me ha chirriado muchísimo. El narrador es omnisciente, como ya digo muy reflexivo. El caso es que las reflexiones de Teresa en voz de personaje resultan casi idénticas a las del narrador por lo que las dos voces se confunden cuando está hablando el personaje. En este sentido, habría necesitado mucha más diferenciación entre ambas para que no se produjera ese trasvase que hace pensar en que quien está hablando no es ni el personaje ni el narrador, sino la autora.

Termino con un pequeño semblante de la autora, porque creo que es interesante entender de dónde parten los autores de esta generación que es una de las más olvidadas (no en vano son parte de la generación silenciosa) de nuestras letras. Aldecoa nació en un ambiente de libre pensamiento, con una abuela y una madre que formaban parte de la Institución Libre de Enseñanza, dispuestas a cambiar y renovar la educación española, anquilosada desde hacía décadas. Esto la llevó a ella a ser también maestra, doctora en pedagogía, y a fundar el Colegio Estilo, basado en las ideas educativas del krausismo. Aunque siempre estuvo relacionada con la escritura, no es hasta los años ochenta que empieza realmente su carrera como escritora. Arrancó esta etapa con La enredadera (1984), Porque éramos jóvenes (1986) o El vergel (1988). En 1990 inició una trilogía de contenido autobiográfico con la novela Historia de una maestra (1990), Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997), donde hacía hincapié en lo necesario que era una escuela laica, una de sus grandes luchas como maestra y algo que logró en el colegio que dirigió durante tantos años.

Os dejo con un par de citas que he subrayado mientras leía:

 Es decir, si los Curie estuvieron de verdad unidos por el amor, ¿qué grado de exaltación alcanzarían compartiendo también el descubrimiento científico? ¿Por qué la pareja del siglo XX desdeña en tantos casos el valor de una relación entre iguales superiores y desciende a una relación poco evolucionada intelectualmente? ¿Impide la relación amorosa la exploración en común de un mundo apasionante, ciencia, filosofía, arte, incluso política?

Daniel se detuvo y miró al mar. Las olas espumosas se acercaban y se retiraban en un vaivén previsto y ciego.

—El amor, el amor… Para mí el amor es la necesidad de estar con una persona, contigo por ejemplo. No separarme nunca de ti. La presencia del ser amado creo que es la principal señal de identidad del amor… ¿Y para ti? —preguntó.

Daniel dudó un momento, luego dijo:

—Es la atracción intensa que ejerce sobre mí una personalidad, la tuya por ejemplo. Para mí es sentirme dentro de un torbellino que me lleva y me trae… y no quiero salir de él

 

 

Ficha técnica

Título: El enigma

Autora: Josefina Aldecoa

Edición: Alfaguara

Lugar: Madrid

Año: 2002

ISBN: 84-204-4346-8