Literatura maravillosa
El género de la literatura maravillosa se compone de dos características fundamentales: la inclusión de un elemento sobrenatural y el efecto de asombro o sentido de la maravilla. Es decir, aceptan que existan hechos que escapan a la razón humana y, ante el hecho sobrenatural, no hay cuestionamiento del paradigma actual. Se concibe el elemento imposible como algo natural que asombra e, incluso, agrada; además. no recibe una explicación o, de otorgársela, se apoya en la magia o la mitología.
No obstante, la forma de introducir el elemento sobrenatural, la ambientación o cómo construyen el efecto maravilloso distinguirán a unas obras de otras. De ahí que se establezcan tres géneros dentro de este tipo de literatura: realismo maravilloso, fantasía épica y fantasía maravillosa.
Las diferencias, en estos casos, se basan en las ambientaciones: en el realismo maravilloso la ambientación es realista (recrean con fidelidad la realidad, salvo por la inclusión del elemento imposible), mientras que en la épica fantástica y la fantasía maravillosa las historias se ambientan en mundos inventados. La diferencia entre estas dos últimas se establece con el componente épico: en la primera, es imprescindible la epopeya; la segunda no incluye factor épico.
Por tanto, la fantasía épica tiene un componente épico, de historia de aventuras, que no comparten ni el realismo maravilloso ni la fantasía maravillosa. Por otro lado, su ambientación suele ser inventada sin relación con nuestro mundo.
Bien es cierto que, en ocasiones, estas tres fronteras que acabamos de delimitar se diluyen y hay obras de fantasía épica que suceden en nuestro mundo (si se incluyen en esta clasificación será porque el elemento épico pesa más que los otros elementos distintivos) o que hay relatos de fantasía maravillosa que suceden, de nuevo, en el mundo realista (aquí, para diferenciarlas del realismo maravilloso, se suele observar el peso de lo feérico en la historia y si este procede, dentro de la narración, de un supuesto espacio invisible a los humanos, pero que se encuentra de alguna manera vinculado con la Tierra; dicho de otra manera, en la fantasía maravillosa, aunque tenga una ambientación realista, siempre pesará más lo maravilloso que lo realista, a diferencia del realismo maravilloso, donde el componente realista tiene un peso mayor).
En este sentido, el origen de estos tres géneros es el mismo, aunque llegado un punto de la historia de la literatura toman derroteros distintos. La diferencia que establecemos entre la fantasía maravillosa y la fantasía épica es, justamente, la relación estrecha de la maravillosa con los cuentos de hadas y la que mantiene la fantasía épica con la epopeya. Por su parte, el realismo maravilloso responde a una necesidad estética que nace al principio del siglo XX: la de mostrar una realidad en la que cabe la fantasía, en la que los seres de nuestra imaginación toman vida, pero alejada esta concepción del terror, que era lo que había imperado hasta el momento en la literatura sobrenatural.
Una vez ubicados en el mapa de los géneros fantasistas y comprendido las diferencias entre los géneros que componen esta corriente, podemos llegar a la siguiente definición de literatura maravillosa: las obras que se circunscriben a este género buscan provocar el sentido de la maravilla, contienen elementos imposibles que son tratados como hechos sobrenaturales sin explicación o basada esta en la magia o la mitología, que se perciben como algo natural dentro del universo de la ficción y que no cuestionan el paradigma actual.
Fantasía épica
Si nos atenemos a la definición que nos ofrece el Drae, veremos que la epopeya (sinónimo de épica) es un «poema narrativo extenso, de elevado estilo, acción grande y pública, personajes heroicos o de suma importancia, y en el cual interviene lo sobrenatural o maravilloso».
Algunas de las características son comunes al género que estudiamos, pero no así todas. Hay que comprender que la épica, tal como está concebida en esta definición, hace referencia a un género histórico. Es decir, aquí estaríamos tratando aquel género en el que escribían nuestros antepasados. En la actualidad, hemos tomado algunas de las características y otras las hemos dejado a un lado.
Desgranemos esta definición para ver en qué coincide la épica fantástica con la epopeya tradicional:
Poema narrativo extenso: actualmente, la prosa ha desplazado a la poesía para dar vida al lenguaje narrativo. Por tanto, coincidimos en el lenguaje (el narrativo), pero no así en la forma de llevarlo al papel (poesía – prosa). En cuanto a la extensión, lo cierto es que la fantasía épica funciona mejor en géneros de mayor alcance, como la novela, que en los cortos, como el relato.
De elevado estilo: Aristóteles distinguía entre un estilo grave, uno medio y uno humilde. Entendemos que, en su definición, la Real Academia se está refiriendo al estilo grave, es decir, a aquel destinado a tratar los temas más nobles del ser humano. Hoy en día, podríamos considerar que se refiere a la utilización más o menos poética del lenguaje escrito. Ciertamente, esta distinción ya no funcionaría en la fantasía épica que al popularizarse su estilo, siguiendo siempre la definición aristotélica, sería el medio, que es el más común.
Acción grande y pública: este punto hace referencia a que las gestas recopilaban aquellas leyendas que se consideraban dignas de ser cantadas en público. En este sentido, la fantasía épica mantiene cierta relación, porque lo que se cuenta son aventuras cruciales para una región, aunque esta sea inventada.
Personajes heroicos o de suma importancia: este es uno de los elementos diferenciadores con la fantasía maravillosa. Los acontecimientos que se cuentan son de suma importancia para el mundo en el que suceden; de una forma u otra el héroe (aquí también aceptamos ya el antihéroe, puesto que hoy en día es más fácil encontrar al segundo que al primero) afecta de manera notable al devenir de la historia de su pueblo, reino o nación. Dicho de otra manera, tras la aventura vivida, la estructura social o política cambia drásticamente.
Y en el cual interviene lo sobrenatural o maravilloso: habría que matizar que en las literaturas actuales existe una épica en la que no interviene ningún elemento sobrenatural o maravilloso: se trataría, por poner un ejemplo, de las novelas históricas con un elevado componente bélico (Aníbal, de Gisbert Haefs, por poner un ejemplo de tantos). Bien es cierto que la épica nació con este componente y que, ya en época moderna, se produjo una distinción entre aquellas que introducían elementos sobrenaturales y aquellas que imitaban la realidad. Dicho esto, es evidente que la fantasía épica es aquella rama de la épica que mantiene el componente maravilloso.
Podemos sonsacar de esto que la fantasía épica enraíza, por un lado, con la épica tradicional, pero también introduce una concepción novedosa de lo maravilloso, distanciándose por tanto de ella. La mejor forma de entender este género es asumir que son historias de aventuras, lo que implica una ruptura con lo habitual, en la que lo excepcional irrumpe en la vida cotidiana de los protagonistas.
Un relato de aventuras es aquel en el que el protagonista se ve obligado (aunque la obligación se convierta en disfrute) a sortear peligros entre ríos, mares y montañas; a sobrevivir a incendios y naufragios; a enfrentarse a piratas, indios o fieras salvajes; a encontrar tesoros ocultos y a salir siempre triunfante de los peligros. Y todo ello sin más ayuda que su propio ingenio y mucha suerte, porque el escenario, a ser posible, será una isla desierta, una selva impenetrable, montañas inaccesibles o cualquier otro lugar poco apropiado para la vida humana. Eso al menos en los relatos clásicos de aventuras: los de Robinson Crusoe o La isla del tesoro. Actualmente, por supuesto, la selva puede ser una gran ciudad; las fieras salvajes, unas pandillas de delincuentes, y las canoas, motos, pero la estructura básica es la misma.
Escribir
Enrique Páez
En nuestro caso, las ambientaciones serán distintas, porque ubicaremos nuestras historias de aventuras en mundos que crearemos para ellas, pero la estructura también es similar: un héroe (o heroína) busca un tesoro real o simbólico (o su propio lugar en el mundo), a través de un viaje hacia lo desconocido, en el que vivirá diferentes experiencias y sorteará numerosos peligros.
Hay dos temas clásicos que no han perdido vigencia con el tiempo y que siguen poblando las historias de épica fantástica.
El viaje: es el eje de la aventura. Un viaje a lo desconocido. El género suele comenzar con un viaje que distancia al héroe de su medio; los obstáculos irán en aumento según se aleja. Una versión de este tema es la búsqueda del tesoro (simbólico o real): el protagonista emprende la aventura en busca de algo (material o no) de gran valor e importancia.
Así fue como el muchacho tuvo al fin su nombre, por boca de alguien muy versado en los usos del poder.
Lejano estaba aún el fin de los festejos, y toda la aldea se divertía y disfrutaba de la comida y la cerveza, mientras un trovador que había subido del Valle cantaba la gesta de los Señores de los Dragones, cuando el mago, con su voz queda, le habló a Ged:
—Ven, muchacho. Di adiós a tu gente y partamos mientras ellos festejan.
Ged fue en busca de su equipaje: un buen cuchillo de bronce que su padre le había forjado, un gabán de piel que la viuda del curtidor había cortado a su medida, y una vara de aliso que su tía había hechizado para él. Estos eran todos sus bienes, aparte de la camisa y el jubón que llevaba puestos. Se despidió de ellos, de toda la gente que conocía en el mundo, y contempló la aldea de casas dispersas, acurrucada al pie de los acantilados, por encima de las cascadas del río. Y se puso en camino con su nuevo maestro hacia los empinados bosques de la isla-montaña, a través del follaje y las sombras del otoño luminoso.
Historias de Terramar
Ursula K. Le Guin
La guerra: un enfrentamiento entre dos naciones (entendidas de la forma más amplia posible), que lleva a los protagonistas a verse inmersos en una guerra en la que tendrán que desenvolverse. Suele haber varias batallas, hasta la lucha final en la que el héroe gana. En la actualidad, esta última situación empieza a variar y nos encontramos con protagonistas que se encuentran en el bando perdedor.
La plaza empezó a agitarse, los vendedores huían, resonaron los tenderetes que se derrumbaban, se alzaron humo y gritos. Tavik intentó levantarse otra vez apoyándose en las manos temblorosas, cayó.
—¡Por la izquierda, Quincena! —gritó Nohorn, corriendo en semicírculo para asaltar al brujo por detrás.
Quincena se dio la vuelta muy deprisa. Pero no lo suficiente. Recibió un tajo en la barriga, aguantó, se dobló para golpear, entonces recibió un segundo tajo a un lado del cuello, justo por debajo de la oreja. Rígido, dio cuatro tambaleantes pasos y se derrumbó sobre un carro lleno de pescado. El carro echó a rodar. Quincena se deslizó sobre el pavimento plateado de escamas.
Civril y Nohorn golpearon al mismo tiempo desde dos direcciones, el elfo con un enérgico tajo desde arriba, Nohorn apoyado en la rodilla, con un golpe bajo y plano. Los dos fueron parados, dos chirridos metálicos unidos en uno. Civril saltó, dio un paso en falso, se mantuvo en pie apoyándose en el parapeto de madera de un puestecillo. Nohorn se tiró y le hizo sombra una espada sostenida perpendicularmente. Rechazó el golpe, con tanta fuerza que le echó para atrás, tuvo que blasfemar. Al incorporarse, hizo una parada, demasiado lento. Recibió un tajo en el rostro, en perfecta simetría con la vieja cicatriz.
El último deseo
Andrzej Sapkowski
Las diferencias
Hay dos géneros que pueden confundir al lector por su parecido. Me refiero a la fantasía épica y la fantasía maravillosa. Ambos transcurren en lugares inventados y ambos provocan el sentido de la maravilla. Lo único que los diferencia es el componente épico, pero muchas veces podemos percibir que estamos ante una historia de aventuras, pero que esta no tiene ese elemento epopéyico.
Hablemos por tanto de esta diferencia. A mí me parece importante aclarar que la historia de aventuras puede no ser fantasía épica si esta no está contando una epopeya. ¿Pero qué es esto de contar una epopeya? Sencillo es contar una historia en la que pasa algo sumamente relevante para la nación del personaje. Pongamos un ejemplo:
Cuando se le secaron las lágrimas, la soledad comenzó a calar en ella y Sciona empezó a desesperarse. Sus manos nerviosas no habían estado tanto tiempo sin tocar un bolígrafo o un hechizógrafo, y aún menos en momentos de estrés, así que se comió las uñas hasta que empezaron a sangrar. El catre de la prisión era ridículamente más blando que el que Sciona utilizaba en su laboratorio, aunque un poco más rancio, pero era imposible conciliar el sueño. Se esforzaba al máximo, tumbándose y cerrando los ojos, pero cada vez que parecía que la calma iba a llegar, los sonidos de la violencia surgían de las calles y sus ojos inyectados en sangre volvían a abrirse.
«Es tu culpa», la voz de Alba le susurraba con los latidos de su corazón en las orejas. «Cuando los kwen quemen hasta el último rincón de Tiran, será tu culpa».
Un grito se quedó ahogado en la garganta de Sciona durante horas, retorciéndose y arañando para liberarse. Estaba a punto de soltarlo, solo para liberar parte de la tensión de su cuerpo, cuando se abrió la puerta.
—Alta Maga Freynan —dijo un guardia con unas ojeras muy marcadas—. Te trasladan.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó mientras el guardia le ponía una mano en la espalda y la empujaba delante de él por el pasillo estrecho entre las celdas.
—Por tu propia seguridad… y porque las cárceles están llenas.
—¿Llenas?
—Por los kwen que están siendo detenidos en masa.
La maldición de la sangre
M. L. Wang
Lo que ha hecho Sciona y que no desvelaré para no destripar el libro ha sido tan grave que ha despertado una rebelión entre los kwen. Ese acto, por tanto, es epopéyico. Dicho de una manera un tanto mundana, el componente épico es aquel digno de entrar en una enciclopedia.
Pongamos ahora una ejemplo de fantasía maravillosa, es decir, aquellas historias que suceden en mundos inventados en las que no hay epopeya.
—Necesitamos un letrero nuevo —dijo Cal, con los pulgares metidos en la cintura de los pantalones, mientras miraba fijamente el soporte de hierro vacío.
—¿Sabes qué? —contestó Viv—. Como tomé muchas notas, creí que había pensado en todo. Pero nunca me paré a pensar en que necesitaría un letrero. O un nombre. —Bajó la vista para mirar a Cal—. Nunca se me pasó por la cabeza.
Durante un minuto, reinó el silencio; entonces, Cal se aclaró la garganta y, con el tono más titubeante con el que la orca jamás le había oído hablar, se atrevió a decir:
—¿El local de Viv?
—Supongo que es un nombre tan bueno como otro cualquiera —respondió la orca—. No se me ocurre nada mejor.
El trasgo no parecía sentirse satisfecho.
—Hum. Quizá…, quizá… ¿El Café de Viv?
—Si te soy sincera, me resultaría raro poner mi nombre a cualquier cosa. Sería como poner tu propia cara en el letrero.
Se quedaron callados.
—Supongo que podrías llamarlo Café, sin más. Eso no provocaría mucha confusión.
Viv clavó sus ojos en él y llegó a pensar que Cal no iba a apartar nunca la mirada, pero entonces una sonrisilla se asomó a la comisura de los labios del trasgo.
—Por ahora me parece que solo voy a colocar unos tablones —dijo la orca—. ¿Quién sabe? A lo mejor le pongo tu nombre. El Café Calamidad suena bastante bien.
Cal la contempló, resopló y contestó solemnemente:
—Pues sí, tienes razón.
El café de las leyendas
Travis Baldree
Esta novela sucede en un mundo donde hay trasgos, orcas, magos y súcubos. Sin embargo, toda la historia consiste en cómo una orca retirada de la batalla decide montar un café y en aquellos que van poco a poco habitando el local. No hay ningún componente épico, no hay viaje del héroe ni mucho menos epopeyas bélicas. Solo una orca y sus amigos tomando café y pastelitos. Es, por tanto, fantasía maravillosa. Una que, por lo demás, recomiendo mucho porque demuestra que se puede escribir literatura maravillosa con seres feéricos sin caer en los mismos clichés de siempre.